Con el objetivo de seguir integrando el aprendizaje emocional en el currículo escolar, y así facilitar una mejor convivencia, mayor motivación y el bienestar del alumnado, la Fundación Botín abre una nueva convocatoria de su programa Educación Responsable (ER) para instituciones educativas de Madrid y Cantabria. De este modo, durante el curso 2025/26, treinta nuevos centros -quince de cada Comunidad Autónoma- se sumarán a los más de 800 que ya han implantado esta iniciativa educativa pionera, consolidando este programa como la mayor red internacional de educación emocional en el mundo. Los centros educativos interesados deberán completar su inscripción antes del 6 de junio de 2025. El 13 de junio, la Fundación Botín publicará el nombre de los centros que han sido seleccionados.

La educación emocional: clave para el bienestar y el éxito académico

La educación actual se enfrenta a numerosos desafíos, como la sobrecarga de contenidos académicos y el aumento de problemas emocionales en los estudiantes. En este contexto, resulta fundamental que la comunidad educativa implemente iniciativas como el programa Educación Responsable (ER) de la Fundación Botín, creado en 2006 para fomentar un crecimiento saludable en niños y jóvenes de entre 3 y 16 años a través del desarrollo emocional, social y creativo. Hoy en día, está presente en más de 500 centros en España, distribuidos en comunidades como Cantabria, Madrid, La Rioja, Navarra, Galicia, Murcia, Castilla y León, Aragón, la Comunidad Valenciana y Cataluña. También en América Latina, en países como Uruguay, Chile, México, Perú, Honduras, Nicaragua y El Salvador, una diversidad que refleja el valor diferencial del proyecto. Además, la iniciativa cuenta con más de 300 centros graduados, que se han convertido en referentes y encuentran en este programa un apoyo único. Su alcance incluye una amplia variedad de instituciones educativas, como colegios públicos, concertados y privados, institutos de educación secundaria (IES), centros de formación profesional (FP), educación de adultos, centros rurales y aulas hospitalarias, consolidando su compromiso con la educación en diversos entornos y realidades. El programa proporciona formación en desarrollo afectivo, social y creativo a 15.870 docentes e incluye más de 1.000 actividades basadas en las artes y metodologías activas. Gracias a estas propuestas, más de 165.000 alumnos han mejorado sus habilidades de comunicación y convivencia en diversas áreas curriculares.

Hasta la fecha, se han realizado tres evaluaciones psicológicas que respaldan el impacto y la efectividad del programa. La más reciente fue llevada a cabo por el equipo del Dr. Pablo Fernández Berrocal, del Laboratorio de Emociones de la Universidad de Málaga, que analizó en profundidad cómo el desarrollo de competencias emocionales influye en el desarrollo de la creatividad, la gestión del estrés y las relaciones interpersonales de los estudiantes. Así, los alumnos que han participado en el programa han experimentado una mejora significativa en su inteligencia emocional, fortaleciendo su capacidad para percibir, comprender y gestionar sus emociones de manera efectiva a lo largo del curso escolar. Los resultados de esta evaluación refuerzan y amplían los hallazgos obtenidos en investigaciones previas, cuando ya se evidenció que los estudiantes desarrollaban un mayor autoconocimiento emocional (+8 %), lo que les permitía manejar mejor sus emociones y comprender las de los demás, fomentando la empatía y las actitudes prosociales (+6 %). Estos avances confirman que el programa contribuye a la creación de un clima escolar más positivo, promoviendo entornos de aprendizaje más cooperativos y una mejor convivencia en el aula.

Además, el programa ha impulsado el desarrollo de la creatividad (+ 33%) en los estudiantes, potenciando su capacidad para generar ideas originales, pensar de manera divergente y encontrar soluciones innovadoras. Estas habilidades no solo enriquecen su experiencia educativa, sino que también los prepara para afrontar con éxito los retos del futuro, combinando pensamiento crítico y flexibilidad cognitiva.

Los resultados obtenidos evidencian cómo el impacto en el desarrollo emocional va más allá del aula. Las investigaciones reflejan una reducción de síntomas relacionados con la ansiedad, la tristeza o la irritabilidad, así como una menor incidencia de problemas de conducta (-23 %), hiperactividad y dificultades en las relaciones interpersonales. En este sentido, los resultados de la última evaluación indican que niños de educación infantil (de 5 a 6 años y 11 meses) demuestran una notable capacidad para regular sus emociones, mientras que los estudiantes de 7 a 8 años y 11 meses destacan por su mayor comprensión emocional.