Javier M. Flores Moreno | Vivimos un mundo cada vez más fragmentado y una época en la que la cooperación internacional se está debilitando. Las tensiones geopolíticas crecen y los conflictos se multiplican. Al mismo tiempo la ayuda al desarrollo disminuye. Las consecuencias son directas y para América Latina supone menos financiación concesional, mayor presión sobre los sistemas públicos y más incertidumbre para millones de personas, con un alto impacto en las economías y en la vida de los emprendedores a los que acompañamos.

Y aunque algunos indicadores globales muestran avances, la realidad es que el crecimiento económico es cada vez más desigual. América Latina conoce bien esta realidad: años de bonanza que no siempre se traducen en bienestar y progreso para todos. Los países con mayores capacidades avanzan más rápido, mientras otros se quedan rezagados. Además, el incremento de la deuda pública ha provocado que en muchos casos, se destinen más recursos a pagarla que a invertir en desarrollo. Esto limita el margen de acción de las administraciones públicas y provoca que las desigualdades no solo persistan, sino que se amplíen: desigualdad de ingresos, desigualdad de acceso a oportunidades, desigualdad de género, desigualdad digital.

En este contexto, el papel de la Fundación Microfinanzas BBVA, con las limitaciones propias de un operador privado, es cada vez más, un factor de estabilidad social y de resiliencia para las comunidades donde operamos. El acceso al crédito, al ahorro y a servicios financieros básicos sigue siendo una de las principales palancas para cerrar esas brechas.

Desde hace casi 20 años, en la fundación trabajamos por el desarrollo sostenible de millones de emprendedores de bajos ingresos en la región, en Colombia, Perú, República Dominicana, Chile y Panamá. Nuestra labor se centra en los colectivos que enfrentan las mayores brechas de desigualdad: el 64% de las personas a las que apoyamos son mujeres, el 27% cuentan como mucho con educación básica, y el 33% viven en zonas rurales. En el camino recorrido hemos acompañado a más de 7,5 millones de personas y desembolsado más de 23 mil millones de dólares en créditos productivos; y hemos aprendido que la inclusión va mucho más allá de acceder a un crédito o abrir una cuenta de ahorros.

Se trata de que todos, sin importar su género, ubicación geográfica o nivel socioeconómico, puedan progresar y para ello es necesario acompañarlos, dotarlos de herramientas y habilidades, y empoderarlos a través de la formación para que tomen decisiones informadas y puedan planificar su futuro.

Tecnología al servicio de la inclusión

En plena era digital, las posibilidades que ofrecen la tecnología y la inteligencia artificial suponen una oportunidad sin precedentes para impulsar la inclusión económica, social y digital, en la que ponemos todo nuestro empeño en la fundación. Nuestras entidades en América Latina cuentan con un ecosistema digital diferencial en el mundo de las microfinanzas. Los asesores de crédito, equipados con sus móviles, llevan los servicios directamente a las puertas de los hogares y/o negocios de los emprendedores en las zonas rurales y más alejadas, haciendo que las finanzas sean más accesibles que nunca.

Cada vez más el uso de la tecnología está permitiendo que emprendedores rurales vulnerables de Perú o Colombia puedan tener la misma capacidad de gestión de sus negocios y de acceso a mercados que los empresarios en las grandes ciudades. Sólo en 2025, más de 1 millón de emprendedores utilizaron servicios digitales y realizaron casi 4 millones de transacciones monetarias por estos canales; además, el 63% de los créditos desembolsados, también fueron digitales.

Nuestros emprendedores en Perú utilizan herramientas de IA integradas en un chatbot que les ayuda a incentivar el ahorro. Por otro lado, nuestra entidad en Colombia cuenta con un asistente virtual que atiende a los microempresarios las 24 horas del día a través de WhatsApp.

La formación en habilidades digitales es fundamental para conseguir que los emprendedores se incorporen a la economía digital y venzan los miedos del uso de la tecnología, permitiendo la superación de barreras tradicionales y de acceso a servicios financieros. Solo en el último año, nuestras entidades formaron a 186 mil personas en habilidades digitales, ayudándoles así a superar la brecha digital que limita su desarrollo.

Nuestro modelo se basa en la combinación de relaciones de confianza y acompañamiento personal con la tecnología y la digitalización. Para nosotros la inclusión financiera no es la meta, es solo el camino para alcanzar una inclusión integral en todas sus facetas, económica, social, digital… garantizando que el progreso y el bienestar lleguen de forma sostenible a los hogares de los que menos tienen. Se trata de conectar personas con oportunidades, conectar esfuerzo con progreso, conectar presente con futuro, conectar sueños con realidades. Ese es el verdadero sentido de las microfinanzas que hacemos.•••