Proyecto Arraigo, uno de los seleccionados en la V edición, conecta familias que buscan un cambio y municipios que quieren recuperar población

 

Por Ana Maestre, Directora del Fondo de Fundaciones de Impacto

Hace apenas unos años, hablar de inversión de impacto en el ámbito de las fundaciones seguía siendo, para muchas organizaciones, un concepto relativamente desconocido. Existía un consenso creciente sobre la necesidad de encontrar nuevas formas de afrontar los grandes retos sociales y medioambientales, pero también muchas dudas sobre cómo hacerlo sin renunciar a la misión fundacional.

Cinco convocatorias después, la experiencia de FdF Impacto demuestra que esa conversación ha evolucionado. Hoy ya no nos preguntamos si las fundaciones pueden invertir en empresas sociales, sino cómo hacerlo de forma colaborativa, compartiendo conocimiento, experiencia y recursos para impulsar soluciones que generen un impacto real y sostenible.

La reciente celebración del Demo Day de la quinta convocatoria confirma la consolidación de un modelo pionero en España. Más de 47 fundaciones forman ya parte de una comunidad que ha decidido aprender e invertir conjuntamente para apoyar a empresas sociales capaces de dar respuesta a algunos de los principales desafíos de nuestro tiempo.

Los tres proyectos seleccionados en esta edición son un buen ejemplo de ello. B de Bocata demuestra que la restauración puede convertirse en una herramienta de inclusión laboral para personas en situación de vulnerabilidad. NeurekaLAB trabaja para que niños y jóvenes con dificultades de aprendizaje tengan acceso a una educación más personalizada e inclusiva mediante soluciones basadas en la evidencia científica. Y Proyecto Arraigo aborda uno de los grandes retos demográficos de nuestro país, favoreciendo la repoblación rural mediante la conexión entre familias que buscan un nuevo proyecto de vida y municipios que necesitan recuperar población y actividad económica.

Son iniciativas muy distintas entre sí, pero comparten una misma característica: han identificado un problema social complejo y han desarrollado un modelo de negocio capaz de ofrecer una solución sostenible en el tiempo. Ese es, precisamente, el tipo de emprendimiento que la inversión de impacto pretende fortalecer.

Sin embargo, quizá el mayor logro de FdF Impacto no sea únicamente haber apoyado a empresas sociales durante estos años, sino haber contribuido a transformar la manera en que muchas fundaciones entienden su papel dentro del ecosistema de impacto.

Tradicionalmente, las fundaciones y el tercer sector han desempeñado una función esencial apoyando proyectos sociales, sensibilizando o impulsando programas propios. Esa labor sigue siendo imprescindible. Pero para hacer frente a los desafíos actuales, se requieren herramientas que permitan multiplicar el alcance de los recursos disponibles y generar un efecto más transformador.

La inversión de impacto ofrece esa oportunidad. Permite destinar capital a organizaciones que combinan sostenibilidad económica con una misión social clara, acompañándolas en su crecimiento para que puedan ampliar el número de personas beneficiarias y consolidar modelos capaces de generar cambios duraderos.

El modelo de FdF Impacto, la colaboración

Ninguna organización puede aspirar a resolver problemas de manera aislada. Compartir procesos de análisis, participar conjuntamente en las decisiones de inversión y aprender de la experiencia colectiva permite reducir barreras, acelerar el aprendizaje y generar un nivel de confianza difícil de alcanzar desde el trabajo individual.

Ese modelo colaborativo es, probablemente, la principal innovación que aporta el Fondo de Fundaciones de Impacto. No solo canaliza financiación hacia empresas sociales; también crea una comunidad de fundaciones que incorpora nuevas capacidades, comparte conocimiento y demuestra que el impacto se multiplica cuando los recursos y la experiencia se ponen en común.

Los resultados empiezan a hacerse visibles. Cada convocatoria atrae nuevos proyectos emprendedores, aumenta el interés de las fundaciones por incorporar la inversión de impacto a su estrategia y contribuye a fortalecer un ecosistema que hace apenas unos años daba sus primeros pasos en España.

Queda mucho camino por recorrer. Será necesario seguir desarrollando instrumentos financieros adaptados al emprendimiento social, atraer a nuevas organizaciones y consolidar una cultura de colaboración que permita escalar las soluciones más prometedoras. Pero las cinco convocatorias celebradas hasta ahora demuestran que este modelo funciona.

La quinta convocatoria supone un impulso más para seguir construyendo un ecosistema en el que las fundaciones no solo financian el cambio, sino que participan activamente en hacerlo posible. Porque cuando el conocimiento, la confianza y los recursos se ponen en común, el impacto deja de ser la suma de esfuerzos individuales para convertirse en una transformación colectiva. •••

amaestre@fondodefundaciones.es
https://fondodefundaciones.es/