El 13 de mayo concluye el plazo para presentarse a la XVII edición de los premios SERES. Con este motivo solicitamos a Ana Sainz que escribiera unas líneas sobre el trabajo y los objetivos de la Fundación.

Ana Sainz | Hace unos días, en un encuentro con Marsh, poníamos el foco en las conclusiones del último Informe de Riesgos Globales elaborado en colaboración con el World Economic Forum y en cómo están evolucionando los mapas de riesgos empresariales. La velocidad del cambio, la incertidumbre geopolítica y la transformación tecnológica están obligando a las empresas y sus consejos a repensar constantemente sus prioridades y los riesgos que condicionan el futuro. Lo que antes se revisaba anualmente, hoy se actualiza casi de forma continua.

En ese análisis hay un elemento que gana peso año tras año: los riesgos sociales. La polarización, la desigualdad, la desinformación o la pérdida de cohesión social se están incorporando al mapa de riesgos como variables que afectan directamente a la resiliencia del negocio, la licencia social para operar y la creación de valor a largo plazo. Factores que condicionan decisiones estratégicas y que empiezan a ocupar un espacio propio en la agenda de los consejos de administración.

Este desplazamiento en los riesgos obliga a replantear también la forma en la que entendemos la competitividad. Cada vez es más evidente que el compromiso social y la competitividad no son caminos paralelos. Son dos caras de una misma moneda. Entender esa conexión es clave para anticipar riesgos, identificar oportunidades y fortalecer la posición de la empresa en un entorno cada vez más exigente.

En este sentido, sabemos que la empresa actúa impulsada por tres grandes palancas: la responsabilidad, la gestión de riesgos y la generación de oportunidades. Durante años, estas dimensiones se han abordado de forma independiente. Sin embargo, las compañías que están avanzando con mayor solidez son aquellas capaces de integrarlas en una misma lógica de negocio.

Medir para gestionar

Y esa integración, en la práctica, exige algo fundamental: capacidad de medición, gestión y comunicación. Aquí es donde aparece uno de los grandes retos para la alta dirección y los consejos de administración: cómo incorporar el impacto social en la toma de decisiones con el mismo rigor con el que se analizan otras variables del negocio.

Con ese objetivo, desde Fundación SERES hemos desarrollado el Mapa SERES de Huella Social, una herramienta que permite a las empresas medir de forma estructurada su impacto social y entender cómo contribuyen, desde su actividad, a sus distintos grupos de interés: empleados, clientes, proveedores y comunidades.

No se trata solo de medir por medir, sino de disponer de indicadores comparables y accionables que permitan gestionar. De entender dónde está la empresa, cómo evoluciona y qué decisiones pueden reforzar su contribución social y, con ello, su competitividad. Porque lo que no se mide, no se gestiona. Y lo que no se gestiona, difícilmente forma parte de la estrategia.

Pero tan importante como medir y gestionar es aprender de lo que ya está funcionando. Identificar aquellas iniciativas que están demostrando que es posible integrar el impacto social en el negocio con resultados concretos y entender qué hay detrás de ellas.

Desde hace 17 años, los Premios SERES se han consolidado como un referente en ese sentido, impulsando un modelo de empresa en el que el progreso económico y el social avanzan de la mano. Más de 50 compañías han sido galardonadas a lo largo de este tiempo, con proyectos que no solo generan impacto, sino que muestran nuevas formas de hacer empresa. Y, sobre todo, muestran liderazgo.

Por eso, más allá del reconocimiento, los Premios SERES cumplen otra función clave: divulgar, enseñar y contagiar. Mostrar que hay proyectos que generan impacto, que transforman vidas, pero también que hay empresas que están marcando el camino, y que ese camino es replicable.

Este año, además, seguimos buscando iniciativas que estén dando ese paso, con proyectos que pueden presentarse hasta el 13 de mayo.

En un momento en el que los mapas de riesgos están cambiando casi en tiempo real, la capacidad de las empresas para integrar el impacto social en su estrategia se convierte en un factor diferencial. Las compañías que entienden esta relación, y que son capaces de medirla, gestionarla y aprender de quienes ya están avanzando, son las que están mejor preparadas para anticipar riesgos, identificar oportunidades y generar valor a largo plazo.

Porque, cuando el compromiso social se integra de verdad en el negocio, deja de ser una dimensión adicional para convertirse en una forma de competir. Y es precisamente en esa integración donde se está definiendo el liderazgo empresarial hoy. •••